viernes, 20 de febrero de 2026

LUMEN DE VAMPIRIS P9- BAJO TIERRA

 En ese instante, al otro lado del universo, el Arcángel Gabriel recibía a su hermano, el Arcángel Miguel. La tensión entre ellos era palpable. Miguel, alterado por la reciente muerte de Namael en la batalla, exigía respuestas sobre la falta de acción del cielo ante el rapto del ser de luz.

—¿Qué ha pasado, Gabriel? ¿Por qué permitiste que se llevaran a la criatura de luz? ¿Has perdido la razón? —su voz estaba cargada de ira y frustración—. Los querubines ya están al tanto y convocaron una audiencia para juzgar tus actos... y la pérdida de nuestro amado Namael.

Gabriel permaneció sereno, aunque sus ojos reflejaban inquietud.

—Te pido que te calmes, Miguel. Todo tiene una razón —respondió con firmeza.

—¡Entonces explícamela! —insistió Miguel—. No tiene sentido. Hemos perdido todo. Capturaron a la criatura de luz y el heredero de Agarus completó el ritual.

—Sí, el ritual fue completado —admitió Gabriel—. Pero no hemos perdido. Cuando llevaron a la criatura al portal del infierno, descubrí que la oscuridad en el vampiro ya había comenzado a afectarla. Sin embargo, su luz interior sigue siendo más fuerte.

Miguel frunció el ceño, desconfiado.

—¿Quieres decir que permitiste que se la llevaran a propósito?

—Si así lo ves, sí. Permití que la tomaran para que la muerte de Namael no fuera en vano. Si Lucifer quería guerra, le enviamos sin saberlo a nuestra mejor guerrera. Todos subestimamos su luz.

—¿Y ahora qué haremos?

—He convocado al Guardián de la Oscuridad para que decida el destino de ambos jóvenes.

En ese momento, un enorme lobo negro emergió de las sombras. Sobre él cabalgaba Itara, el Guardián de la Oscuridad: juez de almas desterradas, ángeles caídos, demonios exiliados y vampiros con luz en su interior.

Imponente y marcado por cicatrices de antiguas batallas, portaba un tridente negro que combinaba con sus vestiduras oscuras. Al llegar, inclinó la cabeza en señal de respeto.

—Es un honor servirles —dijo—. Pensé que me llamarían más tarde.

Gabriel asintió y preguntó:

—¿Tienes a la criatura?

Itara sonrió con burla y ordenó a su lobo que mostrara el cuerpo inerte de Ana.

Miguel quedó boquiabierto.

—¿Es ella? ¿Cómo la trajiste?

—Gabriel me informó de todo. Llegué justo cuando culminaba el ritual. Tal como predijimos, la luz de la criatura destruyó al heredero de Agarus. Y ella... también murió.

—¿Y el vampiro?

—Hablé con ellos. Agarus y Mara buscarán otro heredero. Los demonios intentaron llevarse al joven, pero se los impedí. ¿De qué les serviría un alma de luz en el infierno? —rió—. El cuerpo del vampiro se desvaneció.

—¿Cómo es posible? —preguntó Miguel.

Gabriel meditó.

—La luz siempre vence a la oscuridad —explicó Itara—. Al morir, su alma luminosa erradicó la oscuridad. Fue como si nunca hubiera sido de tinieblas.

—¿Y qué hay de la criatura?

—Según las reglas, debería llevármela. Correspondería una condena eterna en la oscuridad.

—No fue culpa suya. La dejamos desprotegida en la Tierra, fue nuestro error —replicó Gabriel.

—Exacto —asintió Itara—. Por eso os la devuelvo. No la necesito... por ahora. Llevadla de vuelta a la Tierra para que sea sepultada junto a su padre.

—Así lo haremos —respondieron los arcángeles.

El Guardián partió, dejando el cuerpo de Ana dispuesto en un ataúd.

Miguel y Gabriel organizaron una ceremonia discreta en el camposanto. Sepultaron a Ana junto a su padre. En silencio, esperaban que la paz regresara a los universos.

—Que la luz regrese a nosotros —pronunció Gabriel.

—Amén —respondió Miguel.

---

A las 12:30 a. m., bajo tierra, Ana abrió los ojos.

Ya no eran marrones. Brillaban con un rojo profundo, hipnótico. Las uñas, largas y afiladas, arañaron el interior del ataúd. Sonrió. Sus colmillos relucieron entre la oscuridad.

Recordaba todo.

El beso. La traición. El ritual.

Y la luz que no la había abandonado... sino transformado.

Con sus uñas, escribió en la tapa de madera:

"Lunes. Bajo tierra.

12:30 a. m."

Luego cerró los ojos otra vez, solo por un momento.

Cuando los volvió a abrir, ya no había miedo.

Solo hambre... y propósito.

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LUMEN DE VAMPIRIS P9- BAJO TIERRA

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