viernes, 23 de abril de 2021

LUMEN DE VAMPIRIS P1 - ANIMA NEXUM

Cuando el otoño llegaba a su fin, la fría Transilvania —cuna ancestral de los vampiros de la dinastía del Conde Drácula— se preparaba para uno de sus rituales más antiguos. En la penúltima noche de luna llena, los jóvenes vampiros descendían al mundo de los humanos para cumplir con el anima nexum, un rito de iniciación que consistía en encontrar a un humano con quien establecer una conexión profunda y alimentarse de su alma a través de su sangre.

Pero esa conexión no era simple. El vampiro debía hallar a un humano capaz de reconocer su poder, alguien que pudiera ver la oscuridad en sus ojos. Luego, debía enfrentarse y vencer al ángel de la guarda de esa persona, y beber su sangre antes de las 3:30 a.m., la hora en que las puertas de la oscuridad se abrían y los demonios emergían de las tinieblas. Si no lo lograba a tiempo, el castigo era brutal: quedaría atrapado fuera de Transilvania y sería condenado a servir como esclavo de Lucifer por toda la eternidad.

Esa noche, Fabio, el más joven de los vampiros, se preparaba para su primera caza. Mientras se vestía con un traje elegante que su madre había traído desde Inglaterra, repasaba los pasos en su mente.

—No debe ser tan difícil —murmuró con arrogancia—. Ubicar, reconocer, luchar, beber. No voy a cometer el error de ese imbécil de mi tío Franco... dejar vivo al ángel de la guarda. ¡Ja! Claro que no. Yo soy el mejor. Siempre lo he sido, y esta noche lo demostraré.

Como los demás, se transformó: algunos tomaron forma de murciélagos, otros de lobos. Fabio prefirió su forma humana, segura, letal. Viajaron hacia la ciudad.

Un pequeño café en una esquina solitaria llamó su atención. La tenue luz cálida contrastaba con la noche. En el interior sonaba la Novena Sinfonía de Beethoven, y el lugar estaba impregnado del aroma de libros, viejos y nuevos. En el fondo, una joven delgada leía absorta en un ejemplar de Drácula de Bram Stoker. Llevaba el cabello recogido, grandes gafas que enmarcaban sus ojos marrones, y un aura de calma que resaltaba aún más en medio del silencio.

—Es ella —pensó Fabio—. La indicada. Su cuello calzará perfecto entre mis colmillos.

Caminó con seguridad hacia ella, y sin pedir permiso, se sentó en la silla donde descansaba su cartera.

—¿Te gustan las historias de vampiros? —preguntó con una sonrisa ladina.

La joven se sobresaltó y alzó la mirada.

—Sí... un poco. Me atrae la oscuridad de sus historias. Hola, soy Ana —dijo, con una tímida sonrisa.

—Hola, perdón por no presentarme antes. Soy Fabio. ¿Puedo acompañarte esta noche tan... especial?

—Claro —respondió, sintiendo un nudo en el estómago mientras lo observaba. Nunca había visto a alguien así. Era hermoso, perfecto, magnético.

Conversaron largo rato sobre vampiros y leyendas. Fabio pronto notó algo: el ángel de la guarda de Ana los observaba desde el otro lado del café. Alto, con traje oscuro, rostro sereno, pero alerta. El ángel había sentido el peligro.

—¿Me das un momento? Iré al baño —dijo Fabio, y al salir, envió su desafío.

Afuera, el tiempo se detuvo. Así era cuando dos seres de otras esferas luchaban en la Tierra: el mundo humano quedaba congelado.

Fabio no tardó en vencer al ángel. Su fuerza vampírica era mayor. Regresó al café, ansioso.

Ana lo esperaba. Cuando sus miradas se cruzaron, lo supo: habían hecho conexión. Sus almas, por un instante, se reconocieron.

Fabio se sentó junto a ella. Ya no había clientes. El café cerraba. Era el momento. Se acercó, pero justo cuando se disponía a morderla, Ana lo besó.

Sus labios eran suaves, cálidos, y su beso... puro. Fabio no se apartó. Por el contrario, sintió algo estremecedor: calma.

Demasiada calma.

Retrocedió de golpe y huyó.

—¡Mierda! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Fallé! —gritó, furioso, mientras volaba de regreso a Transilvania.

Su madre lo esperaba en el pasadizo del castillo. Fabio la abrazó, frustrado.

—Fallé... no pude.

—Tranquilo, hijo —susurró ella—. Puedes intentarlo el próximo otoño. Pero lo que me preocupa... es cuánta luz tenía esa chica en su alma.

—¿Qué quieres decir?

La mujer alzó la vista a la luna.

—Dicen que cuando un vampiro besa a un humano, se lleva parte de su alma. Pero si esa alma está llena de luz... entonces el vampiro comienza a perder la suya.

Lo abrazó fuerte.

—Los ángeles de la guarda de los humanos con luz verdadera no necesitan ser poderosos, porque no deben luchar contra el mal... su humano ya ha vencido la oscuridad con su propia alma.



  

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