viernes, 11 de junio de 2021

LUMEN DE VAMPIRIS P3 - OJOS DE SOMBRA

Mientras sonaban los Rolling Stones en la radio, la brisa nocturna acariciaba el rostro de Ana, agitando suavemente su cabello semirrecogido. Una tranquilidad frágil flotaba en el ambiente, como si la noche ofreciera una tregua.

Pero aquella serenidad se quebró de pronto con el chirrido brutal de unos neumáticos frenando sin control, seguido por un golpe seco y la luz enceguecedora de unos faros que lo invadieron todo.

Sintió el impacto, el tirón violento del cinturón de seguridad, el estallido de los cristales golpeando su piel. Todo sucedía demasiado rápido, como una película desenfocada: el grito desesperado de su padre, el caos... y de repente, un silencio absoluto.

Ana sobrevivió. Pero cuando despertó en el hospital, su padre ya había sido enterrado. No pudo ir al velorio. No pudo despedirse.

Aquella ausencia sin cierre la desgarraba. Era como si la muerte hubiera arrancado algo esencial de su alma, sin previo aviso. La imagen de su madre, intentando mantenerse entera por sus hermanos pequeños, la acompañaba como un peso constante en el pecho.

Meses después, Ana decidió mudarse a una pequeña ciudad, a unos treinta minutos de la casa familiar. Necesitaba silencio. Soledad. Un espacio para comenzar a sanar.

Aquella noche de invierno, su habitación parecía más fría que de costumbre. No era sólo el clima: era una frialdad que nacía desde dentro, desde el vacío que el duelo había dejado.

Las horas pasaban. Finalmente apagó su portátil, con los ojos aún empañados y los labios temblorosos. Se arrodilló junto a la cama y comenzó a orar con fervor, aferrada a una cruz de madera tallada que su padre le había regalado al cumplir doce años. La oración era su refugio. En ese acto, sentía la presencia de su ángel de la guarda, una energía serena que la abrazaba en los momentos más oscuros.

Su padre solía decirle que todos teníamos un ángel que nos guiaba hacia nuestro propósito. Pero Ana, con el alma rota, no podía dejar de preguntarse dónde había estado el ángel de su padre aquella noche fatal.

El cansancio y las lágrimas la vencieron. Poco a poco, se fue sumiendo en el sueño, en esa frontera difusa donde los recuerdos se mezclan con los deseos.

Soñó con su padre: su sonrisa cálida, su cabello alborotado, los grandes ojos marrones que tanto se parecían a los suyos. Mirarlo era como envolverse en calma.

Pero en algún punto, los ojos cambiaron. Ya no eran marrones.

Se volvieron oscuros. Muy oscuros. Negros como la noche.

Ya no ofrecían consuelo, sino inquietud.

No eran los ojos de su padre.

Pero los había visto antes.

Ana se despertó sobresaltada, con el corazón golpeando su pecho como un tambor. El miedo le trepó por la garganta, frío y húmedo.

Entonces lo supo.

—Fabio —susurró, y el nombre le heló la sangre.

Su mente se llenó de imágenes del café. Del chico de mirada intensa. De su voz suave, de su presencia abrumadora.

Una mezcla de miedo y curiosidad la invadió. Algo en su interior —quizás su alma, quizás su ángel— le advertía: esa noche no había sido como cualquier otra.


martes, 8 de junio de 2021

LUMEN DE VAMPIRIS P2 - LOS SERES DE LUZ




Habían pasado seis meses desde que Fabio falló en el ritual del anima nexum, y algo dentro de él no había vuelto a estar en calma. Esa noche en el café, esa humana... ese beso. Lo perturbaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Buscando respuestas, se sumergía cada día en los rincones más antiguos de la biblioteca del castillo de Transilvania. Estaba decidido a encontrar cualquier información que le ayudara a entender lo que Ana era... o lo que le había hecho sentir.

Una tarde, entre estantes cubiertos de polvo y telarañas, sus dedos rozaron un libro casi olvidado. El lomo, desgastado por el tiempo, apenas dejaba entrever una cruz dorada y una única palabra grabada en letras desvaídas: Lux.

Lo tomó con cuidado. La portada, aunque deteriorada, aún conservaba un extraño resplandor. Un ángel de rostro sereno se dibujaba en el centro; sus alas desprendían un halo de luz que, a pesar del paso de los siglos, parecía resistirse a desvanecerse. En sus manos, el ángel sostenía una cruz de caoba tallada.

Fabio hojeó el libro con creciente ansiedad hasta que una sección captó su atención:

> *"Los seres de luz son elegidos por Dios y protegidos por querubines: ángeles que no están destinados a combatir el mal, porque sus protegidos poseen una pureza que los hace menos propensos a la corrupción.

Estos ángeles no requieren fuerza física, porque sus humanos ya caminan en luz.

Hasta ahora, sólo se ha confirmado que fueron seres de luz figuras como la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela y el Papa Juan Pablo II.

El único símbolo visible de estos seres es la cruz de caoba que portan sus ángeles de la guarda.

El efecto de un ser de luz sobre un vampiro es casi siempre inadvertido... hasta que ya es irreversible: el vampiro pierde su esencia y sus poderes, consumido lentamente por la luz que tocó su alma".

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Fabio.

Cerró los ojos, apretando los párpados, y se forzó a regresar mentalmente a aquel momento fuera del café, seis meses atrás. El rostro del ángel de Ana regresó con claridad: alto, robusto, vestido con un traje oscuro impecable. A pesar de estar a punto de luchar, su expresión había sido de absoluta paz.

—¿Tenías una cruz...? —murmuró Fabio, intentando recordar.

Pasó su mente por cada instante de la pelea. Imágenes borrosas, puños que volaban, el crujir de huesos, el olor del pavimento húmedo.

Entonces lo vio.

Un detalle insignificante que había pasado por alto: en el anular del ángel, un anillo... y en él, tallada finamente, una cruz de madera.

El corazón de Fabio dio un vuelco.

—No puede ser...

Ana no era una humana cualquiera. Era una ser de luz. Y él... la había besado.

Se levantó de golpe. La biblioteca seguía en silencio, pero en su interior se había desatado una tormenta.

—Debo matarla antes de la próxima luna llena —dijo en voz baja, con el rostro desencajado—. O su luz acabará conmigo.

Corrió hacia el calendario colgado junto al reloj de péndulo. Buscó la fecha. La luna llena estaba cerca. Muy cerca.

Y esta vez... no pensaba fallar.




viernes, 23 de abril de 2021

LUMEN DE VAMPIRIS P1 - ANIMA NEXUM

Cuando el otoño llegaba a su fin, la fría Transilvania —cuna ancestral de los vampiros de la dinastía del Conde Drácula— se preparaba para uno de sus rituales más antiguos. En la penúltima noche de luna llena, los jóvenes vampiros descendían al mundo de los humanos para cumplir con el anima nexum, un rito de iniciación que consistía en encontrar a un humano con quien establecer una conexión profunda y alimentarse de su alma a través de su sangre.

Pero esa conexión no era simple. El vampiro debía hallar a un humano capaz de reconocer su poder, alguien que pudiera ver la oscuridad en sus ojos. Luego, debía enfrentarse y vencer al ángel de la guarda de esa persona, y beber su sangre antes de las 3:30 a.m., la hora en que las puertas de la oscuridad se abrían y los demonios emergían de las tinieblas. Si no lo lograba a tiempo, el castigo era brutal: quedaría atrapado fuera de Transilvania y sería condenado a servir como esclavo de Lucifer por toda la eternidad.

Esa noche, Fabio, el más joven de los vampiros, se preparaba para su primera caza. Mientras se vestía con un traje elegante que su madre había traído desde Inglaterra, repasaba los pasos en su mente.

—No debe ser tan difícil —murmuró con arrogancia—. Ubicar, reconocer, luchar, beber. No voy a cometer el error de ese imbécil de mi tío Franco... dejar vivo al ángel de la guarda. ¡Ja! Claro que no. Yo soy el mejor. Siempre lo he sido, y esta noche lo demostraré.

Como los demás, se transformó: algunos tomaron forma de murciélagos, otros de lobos. Fabio prefirió su forma humana, segura, letal. Viajaron hacia la ciudad.

Un pequeño café en una esquina solitaria llamó su atención. La tenue luz cálida contrastaba con la noche. En el interior sonaba la Novena Sinfonía de Beethoven, y el lugar estaba impregnado del aroma de libros, viejos y nuevos. En el fondo, una joven delgada leía absorta en un ejemplar de Drácula de Bram Stoker. Llevaba el cabello recogido, grandes gafas que enmarcaban sus ojos marrones, y un aura de calma que resaltaba aún más en medio del silencio.

—Es ella —pensó Fabio—. La indicada. Su cuello calzará perfecto entre mis colmillos.

Caminó con seguridad hacia ella, y sin pedir permiso, se sentó en la silla donde descansaba su cartera.

—¿Te gustan las historias de vampiros? —preguntó con una sonrisa ladina.

La joven se sobresaltó y alzó la mirada.

—Sí... un poco. Me atrae la oscuridad de sus historias. Hola, soy Ana —dijo, con una tímida sonrisa.

—Hola, perdón por no presentarme antes. Soy Fabio. ¿Puedo acompañarte esta noche tan... especial?

—Claro —respondió, sintiendo un nudo en el estómago mientras lo observaba. Nunca había visto a alguien así. Era hermoso, perfecto, magnético.

Conversaron largo rato sobre vampiros y leyendas. Fabio pronto notó algo: el ángel de la guarda de Ana los observaba desde el otro lado del café. Alto, con traje oscuro, rostro sereno, pero alerta. El ángel había sentido el peligro.

—¿Me das un momento? Iré al baño —dijo Fabio, y al salir, envió su desafío.

Afuera, el tiempo se detuvo. Así era cuando dos seres de otras esferas luchaban en la Tierra: el mundo humano quedaba congelado.

Fabio no tardó en vencer al ángel. Su fuerza vampírica era mayor. Regresó al café, ansioso.

Ana lo esperaba. Cuando sus miradas se cruzaron, lo supo: habían hecho conexión. Sus almas, por un instante, se reconocieron.

Fabio se sentó junto a ella. Ya no había clientes. El café cerraba. Era el momento. Se acercó, pero justo cuando se disponía a morderla, Ana lo besó.

Sus labios eran suaves, cálidos, y su beso... puro. Fabio no se apartó. Por el contrario, sintió algo estremecedor: calma.

Demasiada calma.

Retrocedió de golpe y huyó.

—¡Mierda! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Fallé! —gritó, furioso, mientras volaba de regreso a Transilvania.

Su madre lo esperaba en el pasadizo del castillo. Fabio la abrazó, frustrado.

—Fallé... no pude.

—Tranquilo, hijo —susurró ella—. Puedes intentarlo el próximo otoño. Pero lo que me preocupa... es cuánta luz tenía esa chica en su alma.

—¿Qué quieres decir?

La mujer alzó la vista a la luna.

—Dicen que cuando un vampiro besa a un humano, se lleva parte de su alma. Pero si esa alma está llena de luz... entonces el vampiro comienza a perder la suya.

Lo abrazó fuerte.

—Los ángeles de la guarda de los humanos con luz verdadera no necesitan ser poderosos, porque no deben luchar contra el mal... su humano ya ha vencido la oscuridad con su propia alma.



  

sábado, 19 de septiembre de 2020

DIECINUEVE DÍAS 🦋

Nuestra conexión inició a los diecinueve días de mayo,

te imagino esperando ansioso ese día en el calendario

si fue el Señor, el destino o la vida, conocerte estaba escrito

y no hubo nadie más que logre despertar en mi sentimientos tan bonitos.


Fuiste mi fiel maestro, como Jesús lo fue de Pedro,

una sutil sonrisa se me escapa cada vez aparecen los recuerdos;

mi guía, como Virgilio con Dante en el purgatorio,

llegan fascinantes memorias como Mozart con su repertorio.


He admirado todos los días tus ganas incansables de crecer,

y talvez no he sido testigo de cuántas veces te levantaste cuándo te vi caer,

el amor y el servicio por los demás, misma Teresa de Calcuta

un caballero de pies a cabeza, eso para todos, es una verdad absoluta.


Mi vida estaba completa, sabiéndote contigo en mis días,

sin embargo, sumando diecinueve, un dieciséis del mes tres,

la realidad de todos cambió, se acabaron las risas, las alegrías,

entre balones de oxígeno, en medio de la pandemia, 

hiciste camino para convertirte en el mejor de los héroes.


Así como te vi llegar a mi vida un diecinueve, 

bastaron los mismos días de julio para dejar de ser fuerte,

mi mundo se estancó con tu inesperada partida,

esta vida ya no es vida, no hay aquí o ahora, abajo o arriba.


Miro al cielo entre sollozos y busco respuesta del creador

Si fue tu decisión, no acepto, no lo entiendo, ¿debo quedar resignado?

discúlpame Señor si te reprocho, para esta pérdida nunca estuve preparado,

es indescriptible el sentimiento, ¿dónde guardo todo este dolor?

Hoy me siento como tu hijo en la cruz cuando se sintió abandonado

ya no hay arreglo, los días, el tiempo, la vida, todo se ha estancado.


Perdóname por esto, sé desde dónde estás que no quieres verme quebrado, 

No sabes la angustia que llevo dentro, se me ha partido el alma en mil pedazos,

Añoro a mares tus enseñanzas, tus ocurrencias, tus chistes mal contados, 

ahora qué hago con tanto dolor que no quiere ser desterrado 

siento cómo mi alma y mi corazón desaparecen lentamente, 

tus recuerdos y yo vivimos peleando constantemente.


Me queda recordarte con ese carisma tan peculiar,

con los buenos recuerdos, con tus pasos firmes al andar,

tus días entre balones de oxígenos,aceites y carburos,

las navidades juntos, vacaciones y los abrazos siempre puros,

le agradezco a la vida y al creador por haberte conocido

definitivamente como tú no habrá nadie parecido.


¡Vamos por el éxito, adelante! como siempre me decías,

trascendiste en esta vida y te han reconocido tal como lo merecías.

un abrazo hasta el cielo quiero hacerte llegar,

hoy me quedo tranquila porque tengo la certeza que nos volveremos a encontrar.


Para Mario  David Romero Pérez,

un maestro, un caballero,

a dos meses de su partida por esta vida.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Amando a un ángel en el infierno 🦋


¿Será casualidad o ironía? , tenerte aquí, tan cerca de mi vida;                                                                  ¿Te perdiste en este camino de otro mundo?                                                                                                O, ¿talvez al igual que yo, sólo sos un vagabundo? 

Qué placer tenerte! y gozar de tu presencia llena de luz,
en este mundo en el que todo es inerte y en que no existe el Angelus. 

Dime si nos vamos a tu cielo o nos quedamos en este Inferno,
Dime si salimos de la oscuridad o nos quedamos en el averno;
Tómame fuerte, que me aferro de tu mano,
que esta experiencia sea tan mística como los Ave Marías y el Padre Nuestro de tu rosario;
Camina conmigo en este sendero desterrado,
Que sea tan espiritual como el rezo de Francisco en el Vaticano. 

Caminemos juntos entre Tinieblas,
crucemos lentamente por el purgatorio,
No te sueltes, no te pierdas,
sólo abandónate a mi, tal como lo haces en el oratorio.

Que mi fuego te envuelva sin quemarte las alas,
deja que mi rostro acaricie tus pestañas;
permíteme beber el cáliz de tus labios,
deja que me envidien la Virgen y todos los santos. 

Que este momento contigo sea mágico y eterno,
como lo es la luz en tu cielo y el fuego en este  infierno. 

Disfrutemos juntos este éxtasis de pasión,
llévame siempre contigo,
así como lo hace María con Jesús en su corazón
O finalmente, como disfruta Lucifer con cada maldición. 

Escribamos juntos un gran libro de aventuras,
así como hicieron los profetas con las sagradas escrituras.
Déjame amarte, dame ese privilegio,
Y que Dios o el diablo nos perdonen si es que es un sacrilegio. 

En la noche o en el día, juntos tu y yo, tal cual; que lo nuestro sea bendito como el Santo Grial.
Regálame siempre tu inmensa sonrisa,
que la adoro más que los párrocos a la santa misa,
Ecribamos juntos esta historia,
da igual, aquí abajo en la mierda, o allá arriba en la gloria.

Autor: Angieth Chumacero

Imagen: https//pin.it/4511fHc

LUMEN DE VAMPIRIS P9- BAJO TIERRA

  En ese instante, al otro lado del universo, el Arcángel Gabriel recibía a su hermano, el Arcángel Miguel. La tensión entre ellos era palpa...